Unidad didáctica 7: Los problemas de conducta como conflictos de convivencia PDF
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Carmen Gallego Domínguez,Carmen Yot Domínguez
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This document is a study guide on conduct issues in educational settings, covering causes, factors, and conflict resolution. It's intended for educational professionals.
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Facultad de Lenguas y Educación Carmen Gallego Domínguez Carmen Yot Domínguez Máster en Problemas de conducta en centros educativos Principales problemas de conducta en el aula: causas y factores de riesgo Unidad didáctica 7 Los problemas de conducta como conflictos de convivencia Carmen Gallego D...
Facultad de Lenguas y Educación Carmen Gallego Domínguez Carmen Yot Domínguez Máster en Problemas de conducta en centros educativos Principales problemas de conducta en el aula: causas y factores de riesgo Unidad didáctica 7 Los problemas de conducta como conflictos de convivencia Carmen Gallego Domínguez Carmen Yot Domínguez Los problemas de conducta como conflictos de convivencia 3 1. Los conflictos 3 2. La convivencia en paz 6 3. La mediación 11 4. Conclusiones 16 Bibliografía 18 Unidad didáctica 7 Los problemas de conducta como conflictos de convivencia 1. Los problemas de conducta como problemas de convivencia Los problemas de conducta son aquellos comportamientos de la persona que tiene repercusiones negativas para ella y el medio en que desarrolla su vida por romper las normas de convivencia (Armas Castro, 2007, p. 97). Como características más frecuentes observadas en los alumnos que presentan problemas de conducta, las siguientes (Domínguez y Pino, 2008): Características personales: situaciones sociales negativas con una acentuada tendencia a abusar de su fuerza ya que son impulsivos, con escasas habilidades sociales, con baja tolerancia a la frustración y con dificultad para cumplir normas; unas relaciones negativas en el trato con adultos y un bajo rendimiento académico; aparecen problemáticas personales que aumentan con la edad, y suelen ser personas con poca capacidad de autocrítica y una autoestima media o alta. Características familiares: ausencia de una relación afectiva cálida y segura por parte de los padres, sobre todo de la madre; fuertes dificultades para enseñar y hacerles comprender límites, combinando la permisividad ante conductas antisociales con el frecuente empleo de métodos autoritarios y coercitivos, utilizando en muchos casos el castigo corporal; menor conocimiento, y por lo tanto disponibilidad de estrategias no violentas para la resolución de conflictos. Características de la escuela tradicional: la incoherencia y el currículum oculto; el tratamiento tradicionalmente dado a la diversidad, actuando como si esta no existiera. Los problemas de conducta se deben a múltiples causas. Entre las que citan Armas Castro (2007, p.103) se encuentran: Etiología multifactorial. La propia personalidad, factores genéticos y neuroquímicos, del medio sociofamilia y socioescolar. Problemática familiar grave. Incapacidad familiar para contener/controlar/dirigir. Educación muy permisiva o excesivamente autoritaria. Fracaso del sistema escolar. Rigidez y poca flexibilidad curricular, poca adaptación curricular a las necesidades de los alumnos, necesidad de mejorar la formación específica del profesorado. No detección temprana. Falta de programas integrales de prevención. Falta de coordinación. No existe una unidad de criterios de actuación en la familia, en el colegio y entre escuela y familia. La gama de lo que podemos llegar a considerar como problema de conducta podemos verla ampliada, entendiéndose así desde los desórdenes del comportamiento hasta aquellos comportamientos no asociados a ningún trastorno, pero con efecto negativo sobre sí mismo y el entorno como las conductas disruptivas o el acoso. Los problemas de conducta pueden perturbar la convivencia en el aula. Los trastornos de conducta dificultan gravemente la convivencia, de igual forma que estas otras derivan en problemas de convivencia (Calvo, 2003): a. Conductas de rechazo hacia el aprendizaje Unidad didáctica 7 Se consideran aquellos comportamientos destinados a evitar las situaciones de enseñanza/aprendizaje que no alteran substancialmente el ritmo de trabajo de sus compañeros, pero que afectan negativamente a la respuesta educativa del profesor. Por ejemplo, no asistir al centro sistemáticamente, llegar tarde a clase, no llevar los materiales escolares necesarios, no participar en el desarrollo de las clases, no realizar los trabajos propuestos, permanecer aislado, estar adormecido, etc. b. Conductas de trato inadecuado. Se trata de comportamientos relacionados con la falta de respeto a las normas de urbanidad o a las formas de relación social que se consideran aceptables, pero con esas conductas el sujeto no tiene la intención de molestar a otros alumnos ni al profesor (el alumno se comporta como ha aprendido). Estos comportamientos reflejan las diferencias que existen entre las normas, valores, etc., del grupo en el que el alumno ha realizado la socialización primaria y las del grupo escolar normativo. c. Conductas disruptivas. Se entienden como un conjunto de comportamientos “objetivamente no agresivos” (por ejemplo, levantarse sin permiso, hablar mientras el profesor explica en clase, etc.) que deterioran o interrumpen el proceso de enseñanza y aprendizaje del aula. Estas conductas se originan por las dificultades del sujeto para adaptarse al medio y con ellas el alumno pretende llamar la atención del grupo o del profesor y obtener un estatus de poder en el aula. d. Conductas agresivas. Son comportamientos cometidos para causar intencionalmente daño a otra persona y que provocan placer o al que los realiza. Estas agresiones ser de tipo emocional e impulsiva, o bien tener un carácter planificado, frío y depredador. Las primeras están orientadas específicamente a producir un daño a la víctima, mientras que con las segundas el agresor pretende obtener algún beneficio adicional; por ejemplo, bienes materiales, evitar que la víctima realice conductas que molestan al agresor, acrecentar su dominio dentro del grupo, etc. Las cuatro categorías establecidas se pueden identificar de forma aislada (con las connotaciones que les son propias) o bien asociadas a otras categorías. La convivencia en los centros educativos se quiebra a partir del conjunto de conductas socialmente problemáticas que ocasionan situaciones conflictivas. De todos ellos los actos disruptivos son el tipo de conflictividad más frecuente. 2. Los conflictos ¿Cuándo hay conflictos en el aula? Cuando los profesores interaccionan con los alumnos, y viceversa, se empiezan a percibir determinados conflictos. No debemos entender el concepto conflicto como un término artificial. Los conflictos son acciones naturales que van surgiendo debido al desarrollo de relaciones entre humanos sea cual sea el escenario donde esa interacción de carácter social se produzca. El aula y también la escuela son los escenarios de interacción social por excelencia base de los estudios investigaciones al respecto de los conflictos como proceso de socialización entre personas y grupos que se encuentran en relación (Suárez, 2008). En este sentido, el término conflicto también es conocido y reconocido por disponer de diversas connotaciones que tienen carácter negativo. No es de extrañar la relación existente y establecida entre conflictos y enfrentamientos, violencia, agresividad, y un largo etc. El conflicto es un término que aunque lleva asociado connotaciones negativas se trata de un fenómeno que no tiene porque llegar a ser negativo, todo lo contrario. El motivo principal es que el término conflicto posee un gran potencial educativo que puede llegar a servir como punto de inicio para el fortalecimiento de las relaciones que se producen en la escuela y en las aulas (Pérez, 2001). Y es que los conflictos han formado siempre parte de la convivencia del ser humano y son una fuente indiscutible de aprendizaje, maduración personal y social, así como de desarrollo. La violencia, es la forma negativa y inadecuada que tiene el ser humano de enfrentarse a determinados conflictos Unidad didáctica 7 proporcionando una imagen dañina y agresiva ante la víctima (Suárez, 2008)..En consecuencia, el término conflicto y el término violencia no son lo mismo (Pérez Serrano y Pérez de Guzmán, 2014). El conflicto aparece cuando dos o más sujetos o grupos de personas tienen distintas necesidades o bien manifiestan diferentes aspiraciones o intereses contra puestos. De acuerdo con Pérez Serrano y Pérez de Guzmán (2014), el conflicto se produce cuando determinados valores, opiniones o perspectivas son contradictorias y persiguen objetivos que parecen ser incompatibles para las diferentes personas o grupos de personas. Atendiendo a estos mismos autores, destacamos a continuación diferentes rasgos: Divergencia de Convencimiento de que las aspiraciones u objetivos de las partes no pueden intereses lograrse simultáneamente. Las partes tienen intereses que pueden Incompatibles ser incompatibles o ser percibidos como tales. Es un fenómeno normal que se produce Inherente a la entre las personas y los grupos y que naturaleza posee potencialidades positivas por lo que puede poner en crisis pero también humana fortalecer las relaciones. Figura 1. Rasgos del término conflicto. Fuente: Pérez Serrano y Pérez de Guzmán (2014). Continuando con las aportaciones de Tejada y Giménez (2006), podemos diferenciar dos tipos logias de conflictos: Conflictos Interpersonales Intergrupales Figura 2. Tipos de conflictos. Fuente: de elaboración propia. Los conflictos de tipo interpersonal son aquellos que se producen entre dos individuos. El conflicto de este tipo se inicia con las diferencias de personalidades, percepciones, puntos de vista diferentes, valores que son opuestos, etc. Por el contrario, el tipo de conflicto intergrupal es aquel que se produce entre dos o más grupos de personas, es decir, estudiantes, equipo directivo, padres, profesores, etc. (Tejada y Giménez, 2006). Unidad didáctica 7 También tenemos que mencionar que puede ser un tipo de conflicto latente. Este conflicto es aquel que no se manifiesta y que no se expresa por lo que puede llegar a ser difícil de resolver o incluso puede llegar a agravarse. Por otro lado, el conflicto puede que llegue a manifestarse pero que éste no sea el que realmente produce la determinada incompatibilidad. En este caso estaríamos hablando de un tipo de conflicto denominado como desplazado. Asimismo, puede suceder que el determinado conflicto no sea percibido por lo que las personas implicadas en el mismo no son conscientes de que esa situación conflictiva ha existido. Este hecho también va a impedir que el conflicto llegue a resolverse y que acabe estallando de manera agresiva y también violenta (Gilar, Pérez y González, 2013). Ortega (1998) estudió en su investigación como la competición y la rivalidad que surgen a raíz de confrontar intereses producen conflictos, aunque estos no impliquen violencia. La agresividad suele aparecer cuando el conflicto implica plantear una serie de lucha de intereses pero que si se domina el propio control y se controla la agresividad puede llegar a constituir un proceso del que se aprende con el tiempo a resolverlo. También, cuando fallan los instrumentos que son mediadores en un conflicto puede aparecer la agresividad. Es decir, cuando se pone en juego una alta tensión de intereses y aparece el conflicto. Pero este conflicto puede llegar a solucionarse a través de procedimientos y estrategias pacíficos sin que florezca la violencia ni la prepotencia. Finalizamos este primer apartado con la argumentación de Jares (2002), quien asegura en su investigación que sigue habiendo bastante confusión entre los conceptos de conflicto y violencia, relacionándose los mismos con agresividad y violencia. En diferentes situaciones nos hemos podido encontrar a sujetos que defendían la violencia como un instinto humano cuando en realidad lo que estaban desarrollando era agresividad. Pero podemos determinar que en la última década la comunidad de investigadores se ha puesto de acuerdo en formular lo siguiente: una cosa es la agresión o diferentes maneras de ser violentos y otra muy diferente es la agresividad o la combatividad. Se suele asociar el término agresividad a la compatibilidad, a la afirmación de la persona como algo necesario y también positivo para la supervivencia y para el desarrollo del individuo. Pero como ha destacado Silvia Bonino, la agresividad «desempeña fundamentalmente dos funciones complementarias: por una parte constituye una fuerza activa para el propio desarrollo y para la afirmación de sí mismo, por otra parte es un instrumento para defender la propia identidad de todo aquello que la amenaza». 3. La convivencia en paz Vamos a iniciar este segundo apartado de contenidos del tema dedicado a la convivencia en paz con la aportación de García (2015) acerca de los factores positivos y también negativos por los que se produce o puede llegar a producirse un conflicto determinado. Para ello vamos a tomar como referencia la siguiente figura: Unidad didáctica 7 Fomenta el reconocimiento de la legitimidad del otro. Permite mejorar la calidad de la toma de decisiones y de la solución de problemas. Es un motor de cambio e innovación Positivos tanto a nivel personal como social. Demarca a un grupo frente a otros y contribuye a establecer la propia identidad personal y grupal. Facilita la comunicación abierta entre los participantes sobre temas relevantes para ambos. La comunicación se reduce y como consecuencia se hace más insegura. Se forma una actitud hostil y sospechosa. Se producen juicios erróneos basados en falsas percepciones: Negativos a) Reducción de las alternativas percibidas b) Disminución de la perspectiva temporal de las acciones c) Polarizacióndelpensamiento d) Origina respuestas estereotipadas e) Incrementa la actitud defensiva Figura 3. Factores positivos y negativos del conflicto. Fuente: de elaboración propia. Cuando se presenta un conflicto, como educadores deberíamos de tener en cuenta el afrontarlo de la manera más constructiva que podamos y sepamos. Los conflictos deberían de ser utilizados para ayudar a nuestro alumnado a crecer como individuos y también como parte del grupo. En numerosas ocasiones, los conflictos que se desarrollan en las clases no son más que el reflejo de la ausencia de determinadas competencias de carácter social y emocional. Las carencias a las que nos referimos son las siguientes: ausencia de determinados límites, a una falta de respeto continua, ausencia de autocontrol, etc. Por todo ello, ahora más que nunca es necesario e imprescindible entender los conflictos como el punto de partida y como oportunidades para educar socioemocionalmente a nuestros alumnos (Vaello, 2006). De hecho, los alumnos que consiguen aprender a diferenciar las maneras que hay para reaccionar ante un conflicto son aquellos que rechazan la violencia cuando establecen relaciones personales con otros. Educar para la paz es precisamente enseñar y aprender a enfrentar los conflictos, pero también a descubrirlos y identificarlos. De esa manera lograremos aprender a resolverlos de una forma no violenta. Y es que la paz empieza por el hecho de rechazar la violencia como método para solucionar los conflictos y de esa manera estaremos generando conciencia social a través de la educación Son diversos los autores que han estudiado la educación para la paz. En 1991 encontramos la primera referencia a la educación para la paz como un proceso educativo que es dinámico, permanente, continuo y fundamentado en los conceptos de paz, positividad, educación social y emocional (Jares, 1991). La realidad de una situación conflictiva es compleja de determinar y entendemos que se refiere a tres grandes dimensiones de carácter relacional en las que se desenvuelve el ser humano. Éstas tres dimensiones relacionales son las que enumeramos en la siguiente figura: Unidad didáctica 7 Consigo mismo y con los demás Con y desde las interacciones y estructuras sociales por él creadas Con el medio ambiente en el que transcurre la vida Figura 4. Dimensiones relacionales del conflicto. Fuente: de elaboración propia. Años más tarde, Jares (1995) añade algunos principios educativos en la Educación para la Paz. Presentamos dichos principios educativos en la siguiente tabla: Educar para la paz es una forma particular de educación en valores. Cuando educamos, consciente o inconscientemente estamos transmitiendo una escala de valores. Educar conscientemente para la paz supone ayudar a construir unos valores y actitudes determinados tales como la justicia, libertad, cooperación, respeto, solidaridad, la actitud crítica, el compromiso, la autonomía, el dialogo, la participación. Al mismo tiempo se cuestionan los valores que son contrarios a la paz como la discriminación, la intolerancia, la violencia, el etnocentrismo, la indiferencia, el conformismo. Educar para la paz es una educación desde y para la acción. No se trata de educar para inhibir la agresividad, necesaria para afrontar la vida, sino para su afirmación y canalización hacia actividades socialmente útiles. Encauzar la actividad y el espíritu combativo hacia la consecución de resultados útiles a la sociedad. Se trata de participar en la construcción de la paz. Educar para la paz es un proceso permanente y por tanto esto se ha de recoger en los proyectos educativos. Es más que diseñar una lección o celebrar una efeméride. Educar para la paz como dimensión transversal del curriculum escolar afecta a todos sus elementos y etapas educativas. Implica darle una dimensión transversal de forma que afecte a todos los contenidos de todas las áreas o disciplinas que se estudian, pero también a la metodología y organización del centro. Esta habrá de establecer los mecanismos que la favorezcan. Tabla 1. Principios de la Educación para la Paz. Fuente: Jares (1995) Por su parte, Cascón (2001) plantea la Educación para la Paz como un reto para educar en y para el conflicto. Este reto se concreta en varios temas que son importantes de enumerar a continuación: 1) Descubrir la perspectiva positiva del conflicto. Verlo como una forma de transformar la sociedad y las relaciones humanas hacia mayores cotas de justicia. Descubrir que los conflictos son una oportunidad educativa, una oportunidad para aprender a construir otro tipo Unidad didáctica 7 de relaciones, así como para prepararnos para la vida, aprendiendo a hacer valer y respetar nuestros derechos de una manera no violenta. 2) Aprender a analizar los conflictos y a descubrir su complejidad. Dar pautas tanto al profesorado como a padres/madres y alumnado para que tengan herramientas que les ayuden a enfrentar y resolver los conflictos en los que nos vemos inmersos cotidianamente. 3) Encontrar soluciones que nos permitan enfrentar los conflictos sin violencia, sin destruir a una de las partes y con la fuerza necesaria para llegar a soluciones en las que todos y todas ganemos, y podamos satisfacer nuestras necesidades. Desarrollar la agresividad no violenta, asertividad, así como descubrir las bases del poder tanto propio como ajeno serán algunas pistas. Educar para la paz es: enseñar y aprender a resolver los conflictos. Los estudiantes deben desarrollar una serie de habilidades para poder resolver problemas, para entender el conflicto como una oportunidad para el cambio, un cambio creativo (UNICEF, 1999). Pérez (2001) argumenta en este sentido cómo cuando se resuelven los conflictos supone una buenísima ocasión para entrenar a los estudiantes para la adquisición de habilidades para: el diálogo, la negociación y la mediación. En definitiva, es más que necesario que los estudiantes adquieran habilidades y actitudes que hagan posible una convivencia en paz entre ellos. Por lo tanto, estamos tratando el tema de educar para una convivencia positiva en todo momento. Este tipo de convivencia positiva es aquella que se construye día a día, estableciendo relaciones consigo mismo, con los demás y con el entorno fundamentadas en la dignidad, la paz positiva y en el respeto de los Derechos Humanos (Uruñuela, 2016). Para que los estudiantes aprendan a vivir juntos se deben de organizar de forma agradable y justa las relaciones interpersonales en la clase (Fernández y Cuadrado, 2010). Además, sin una buena convivencia, enseñar y aprender se convierte en una tarea difícil y con pocos resultados exitosos (Zaitegi, 2010). Por todo ello, el objetivo de la convivencia escolar es, sin lugar a duda, el de generar un clima positivo y favorable para el aprendizaje y modelar un ser humano comprometido con una sociedad de paz (Pacheco Salazar y Hernández, 2014). Pérez de Guzmán, Amador y Vargas (2011) argumentan cómo el hecho de aprender a convivir necesita de unas determinadas actitudes de apertura, de interés por aprender de las diferencias y un talento o predisposición para reconocer las injusticias. Para ello, se deben adoptar medidas para resolver las diferencias de manera constructiva. Educar para convivir en paz y resolver los conflictos por la reconciliación y la reconstrucción de los conflictos sociales. Sabemos y somos partidarios que los estudiantes deben construir una serie de parámetros para que la convivencia sea positiva y eficaz. Definitiva, todos los estudiantes deben de aprender a convivir ejerciendo la convivencia y esto implica aspectos de carácter: cognitivos, afectivos y actitudinales. Por parte de Jares (2003), entendemos que es necesario diferenciar entre convivencia y conflicto. Para ello, se debe de diseñar una serie de procesos educativos desde la resolución de conflictos y para la resolución de estos. Además, es muy importante el hecho de entender que el reto educativo es aprender a convivir en favor de la paz y esto requiere un enfoque global y una cooperación entre los docentes y el resto de la comunidad educativa. Este mismo autor es el que desglosa diferentes retos que deberían de abordarse y que pasamos a definir a continuación: Reto 1: o Creación de grupo y el cultivo de las relaciones interpersonales. Reto 2: o Necesidad de una disciplina democrática, y con ella las normas de clase y de centro y la gestión democrática. Reto 3: Unidad didáctica 7 o Consensuar programas específicos de resolución de conflictos en los que, además del aprendizaje de estrategias y habilidades de resolución, tengan un papel destacado la educación afectiva y la educación para la paz y los derechos humanos. Reto 4: o Impulsar una cultura de paz que impregne todos los elementos del centro. En este sentido, y tras haber reconocido la importancia de la convivencia no solo en el ámbito cognitivo, destacamos a continuación la relevancia de la formación del profesorado para poder educar y enseñar para la convivencia y la resolución de conflictos. Este tipo de enseñanza debería de considerarse como un área básica para aprender a vivir juntos, favoreciendo el vínculo pedagógico, el aprendizaje en relación con otros y la capacidad para incrementar una pedagogía cordial como prioridad en toda la comunidad educativa (Burguet, 2012). En la tabla que presentamos a continuación se recogen algunos de los valores y de las competencias que deberíamos de proponer para aplicar este tipo de pedagogía de carácter cordial en las aulas. Para ello continuaremos con las argumentaciones del autor anteriormente citado. Circulos relacionales Valores Competencias Habilidad para conocerse, reconocerse y amarse. Intrapersonal Aceptación personal Capacidad para vivir acorde con uno mismo. Habilidad para conocer a los otros, reconocerlos en sus formas identitarias. Convivencialidad Interpersonal Capacidad para reconocer en los otros una Fraternidad misma existencia compartida preservando los rasgos individuales. Habilidad para conocer cuánto nos rodea, Solidaridad naturaleza, cosmos y entorno en general. Extrapersonal Cosmopolitismo Capacidad para aceptar la realidad que constituye nuestra posibilidad de ser. Tabla 2. Valores y competencias para el trabajo de la convivencia. Fuente: Burguet (2012). La construcción para la paz, como acabamos de mencionar anteriormente, es uno de los retos indispensables al cual debe enfrentarse la sociedad y la escuela como condición para favorecer una buena convivencia entre todos. Desde la escuela podemos fomentar la educación para una ciudadanía que sea responsable, tolerante, solidaria y respetuosa con los que son los valores básicos de la cultura para la paz. Y es que debemos de considerar la educación como una herramienta privilegiada para fomentar una crítica constructiva y un pensamiento que sea abierto a transformaciones sociales a través de la participación pacífica de todos los ciudadanos y ciudadanas. Una acción que debe tener como meta o finalidad común la de una acción integrada para la paz, la democracia y los derechos humanos. Construir una cultura de la paz en la actualidad requiere el tener en cuenta los derechos humanos, la participación y una convivencia fundada en los siguientes principios: Unidad didáctica 7 Libertad Solidaridad Justicia Tolerancia Democracia Figura 5. Principios de una cultura para la paz. Fuente: de elaboración propia. Una cultura que rechace la violencia es aquella que se enfoca en la prevención de los conflictos desde sus causas para así resolver dichos problemas por medio del dialogo y la negociación. De este modo se estará garantizando a las personas el pleno ejercicio de sus derechos y los medios para participar en el desarrollo de la sociedad. Finalizamos este apartado destacando que la cultura de paz requiere una serie de acciones además de un espacio educativo, metodologías y tiempos. Enumeramos a continuación dichas acciones: Inclusión de manera transversal en el currículo. Un aprendizaje integrado a través del trabajo interdisciplinar de los equipos docentes. Participación de todos los miembros de la comunidad educativa en el proyecto de centro. 4. La mediación Para trabajar el tema de la mediación queremos partir de la aportación que hizo Cascón en el año 2001 acerca de los cinco grandes bloques de actitudes que se pueden manifestar ante un determinado conflicto. Basándonos en su investigación, describimos a continuación cada uno de esos cinco grupos de actitudes. a) Competición (gano/pierdes) En este primer caso estamos ante una situación en la cual la persona quiere conseguir lo que desea haciendo ver sus objetivos y sus metas. A esta persona no le importa pasar por encima de quien sea para conseguir sus objetivos y sus metas ya que la suyas las considera las más importante. Para la persona que muestra este tipo de actitud ante un conflicto no le importa para nada la relación que puede establecer con la otra persona o sujeto. Este modelo basado en la competición puede acarrear consecuencias muy importantes y negativas al mismo tiempo ya que para esa persona lo más relevante es ganar y para ello lo más fácil es que los demás pierdan. b) La acomodación (pierdo/ganas) Unidad didáctica 7 En este tipo de situaciones la persona no se da a valer ni tampoco plantea sus objetivos con tal de no confrontar con la otra parte. Se trata de un modelo tan extendido o incluso más extendido que la competición a pesar de que podamos llegar a creer todo lo contrario. A veces confundimos la buena educación y el respeto con no hacer valer todos nuestros derechos porque ello pueda llegar a provocar un determinado malestar. La persona afectada va aguantando sé hasta que ya no puede más y entonces se destruye o bien destruye a la otra parte. c) La evasión (pierdo/pierdes) Ni la relación ni tampoco los objetivos salen bien parados en este modelo de actitud ya que no se consiguen ninguno de los dos. Las personas implicadas no se enfrentan a los conflictos ya sea por miedo o bien porque piensen que los mismos se llegaran a resolver por sí mismos en un futuro. d) La cooperación (gano/ganas) En el modelo denominado como coordinación el propósito es el de conseguir los objetivos propios sin dejar a un lado la relación mantenida con la otra persona. Se trata de una relación con filosofía no violenta, es decir: el fin y los medios tienen que ser en todo momento coherentes. Es el modelo del que somos partidarios para encaminar el proceso educativo cuando trabajamos aspectos como la convivencia y la resolución de problemas. e) La negociación Éste último modelo basado en la negociación se trata de aquel en el que ambas partes lleguen a ganar en lo fundamental debido a que nunca se podrá alcanzar el 100 × 100 ya que llegar a la cooperación plena es muy complejo. Las opciones de negociación, evitar, imponer o ceder son estrategias que se pueden desarrollar ante un determinado conflicto. Todas estas opciones que acabamos de mencionar se relacionan y se conectan en torno a dos grandes dimensiones. Estas dos dimensiones son: cooperación o grado en que se desea satisfacer las necesidades de la otra persona y la afirmación del sí o del grado en el que uno trata de satisfacer sus propios objetivos y metas (Tejada y Giménez, 2006). Además, una forma de enfrentarse y afrontar un conflicto determinado podría ser la pasividad. Esta actitud incluye la huida, el ceder ante el otro, el acomodarse, etc. Frente a estas actitudes o comportamientos lo que queda es aprender a negociar y para ello la persona antes debe aprender a: comunicar y expresar lo que desea, lo que quiere y cuáles son sus intereses (Eraña de Castro, 2009). Continuando con el concepto de negociación, Pérez (2001) también aportó que existen dos modelos básicos de negociación: la colaborativa y la competitiva. La de carácter colaborativa es la que en el ámbito escolar tiene mayores ventajas. A continuación, se describen cada una de ellas en dos figuras representativas de los aspectos más relevantes de las mismas: Unidad didáctica 7 Las dos partes enfrentadas buscan juntas una solución que sea satisfactoria para ambos. Se comienza por exponer las posiciones de cada una de las partes, y se continua manifestando claramente las preocupaciones y aspiraciones de cada uno. En los centros escolares se resuelven en este estadio inicial de la negociación, debido a que el simple establecimiento del dialogo mejora la comunicación y corrige los malentendidos que se hubieran podido producir. Colaborativa De no ser asi, es necesario pasar a una segunda fase en la que, manteniendo una actitud positiva, se debe tratar de buscar una solución que satisfaga los intereses de ambas partes de un modo equilibrado y con el menor coste posible para cada una de ellas. En la negociación competitiva cada una de las partes enfrentadas trata de conseguir la máxima ganancia posible sin tener en cuenta el coste que supone para la otra parte. Para ello se utiliza como estrategia bâsica el planteamiento de una demanda inicial que exceda ampliamente las expec tativas reales del negociador. El empleo de este tipo de negociación es poco recomendable en el media escolar, pues puede Competitiva llegar a provocar una escalada del conflicto Figura 6. Tipos de negociación y sus detalles. Fuente: Pérez (2001). Al hablar de mediación tenemos que incluir de manera intrínseca la acción de negociar. Y es que, la mediación se empieza a desarrollar cuando existe la creencia de que las personas están en situación de conflicto y no existe la posibilidad de negociar directamente entre ellos. Es decir, el proceso de comunicación entre esas dos personas ha fallado y necesitan de una tercera persona que facilite esa comunicación (Munné y Mac-Cragh, 2006). En este sentido, y siguiendo a Cabrera (2008), la acción de mediar entre los conflictos se constituye como un proceso ordenado que se inicia con la negociación entre las personas implicadas. En el proceso de mediación entre las dos partes tiene como resultado que ambas son ganadoras y se llega a proponer una solución al problema o al conflicto determinado (Panza, 2015). La mediación es una acción que necesita en todo momento la presencia de una persona que actúe como neutralizante de las malas o negativas actitudes entre los sujetos que están en conflicto. La mediación no significa que se imponga una solución, sino que las partes involucradas en cl conflicto buscan un acuerdo y se comprometen a cumplirlo (Pantoja, 2005). A continuación, incluimos las implicaciones que el proceso de mediación incluye siguiendo la investigación y argumentaciones de Pérez Serrano y Pérez de Guzmán (2014): Unidad didáctica 7 Es un proceso voluntario y creativo. Es un proceso que lo aceptan ambas partes. Se diseñan normas de funcionamiento. Hay confidencialidad. Un clima que favorece que salgan los problemas internos. Se promueve la reflexión y razonamiento. Se toman decisiones conjuntamente: cooperación, responsabilidad, beneficio común y comunicación efectiva. Figura 7. Implicaciones de la mediación. Fuente: de elaboración propia. Las definiciones más generalizadas en relación con el término de mediación pueden dividirse en dos conjuntos: las descriptivas y las realistas. A continuación, presentamos ambas dimensiones siguiendo la aportación de (Ibarrola y Iriarte, 2012, p. 116-117): Definiciones descriptivas Definiciones realistas 1) Se trata de un procedimiento, 1) Es un proceso transformativo, 2) que resuelve un conflicto entre dos partes, 2) de comunicación circular, 3) con un acuerdo justo y legal, 3) que coloca a las personas descentradas en su 4) obtenido de un diálogo mantenido de forma centro, voluntaria, 4) y ordena el flujo de los conflictos que las 5) y moderado por un mediador imparcial, enfrentan, 6) provisto de autoridad moral y privado de 5) al hallazgo de la misma cosa justa, potestad coercitiva 6) evitando la recaída en la espiral de la venganza. Tabla 3. Definiciones de mediación. Fuente: Ibarrola y Iriarte (2012) p. 116-117. En este sentido, y para finalizar el apartado de contenidos en el que estamos trabajando, destacar que la figura del mediador (en algunas ocasiones) puede llegar a ser el propio alumnado. Es decir, la mediación entre iguales tiene una ventaja muy positiva y destacable: permite estimular su autonomía para gestionar sus propios conflictos sin necesidad de la presencia de un adulto o del docente o del director, por ejemplo. Además, es un tipo de modelado muy eficaz ya que el compañero adquiere unas habilidades para la convivencia que le convierten en punto de imitación (Pantoja, 2005). 4.1 El proceso de mediación Y como hemos mencionado anteriormente, el proceso de mediación es una ideal acción para gestionar los conflictos que se desarrollen entre las personas implicadas y enfrentadas a partir de la existencia de una tercera persona que ejerce un papel imparcial. Esta tercera persona es el mediador o la mediadora. El mediador va a ayudar a las partes que están implicadas en un conflicto para que entre estos lleguen a un acuerdo solución. Además, el mediador va a intentar en todo momento para tener una buena comunicación entre las personas que están en conflicto y va a representarlas Unidad didáctica 7 durante todo el proceso para asegurarse que se respetan en todo momento los acuerdos a los que se hayan comprometido los implicados (Aguirre y otros 2005). A continuación, vamos a detallar cada una de las fases por las que discurre el proceso de mediación, entendiendo que no son fases fijas, sino que el mediador para ir adaptándolas según las circunstancias o la situación determinada (Pérez Serrano y Pérez de Guzmán, 2014): - Fase Primera: En esta primera fase o primer momento el mediador va a comunicarse y a conversar con cada una de las partes implicadas en el conflicto con el objetivo de favorecer una predisposición de carácter positivo para resolver dicha situación. El mediador va a escuchar a cada una de las partes y hará referencia a que su papel es totalmente neutral en este proceso. - Fase Segunda: El mediador se va a sentar con las personas implicadas en el conflicto para llegar al proceso de negociación y finalmente negociar. El mediador dará este paso siempre y cuando ambas partes están dispuestas a buscar una solución a sus conflictos o situaciones negativas. - Fase Tercera: En esta fase se informa de la situación ya que el mediador va a exponer lo que ocurre y explicará con detalle en qué va a consistir su papel y como va a utilizar la información que tiene garantizando en todo momento la confidencialidad. El mediador va a establecer algunas reglas que sean básicas para que el proceso de desarrolle. - Fase Cuarta: En la cuarta fase se va a organizar y priorizar la información para poder elegir cuáles son los temas que constituyen el eje del conflicto. En este momento es cuando se toma en consideración que el conflicto sigue un proceso y es el que a continuación describimos (Cifuentes y Gutiérrez, 2010). Comienzo del conflicto. Desacuerdo El problema es de ambos. Se ataca el problema y no a la persona. Búsqueda del culpable. Antagonismo personal Se busca al que tiene razón o la culpa. Se ataca a la persona y no al problema. Las acusaciones. Situación confusa Se involucra a más gente, se agranda y se complica el problema. Ruptura del diálogo. Se daña la comunicación. Chismes, indirectas. Las partes no hablan entre sí. Hablan con otros acerca de los culpables. La tensión. Respuestas a la reacción del La situación se hace insostenible, hay hostilidad, muestras de otro y no al problema de fondo violencia. No hay diálogo, ni confianza. Tabla 4. Consideraciones en la fase cuarta. Fuente: Cifuentes y Gutiérrez (2010). - Fase Quinta: Unidad didáctica 7 En esta quinta fase se van a concretar las posibles alternativas. Las partes implicadas van a identificar, enumerar y también plasmar por escrito alternativas que sean concretas y reales para responder a los ejes centrales del conflicto. Se trata de tomar conciencia de las alternativas. El mediador va a asegurarse que ambas partes implicadas en el conflicto comprendan y valoren las propuestas que hagan desde el otro lado. - Fase Sexta: Ya en esta fase van a llegar las partes a un consenso en el que todos se sientan identificados como los ganadores en las diferentes dimensiones del conflicto. - Fase Séptima: Es en esta última fase cuando los compromisos que ambas partes han adquirido se pongan por escrito mediante un acuerdo que sea realista y también equilibrado. En ese acuerdo se va a recoger también el procedimiento a seguir si alguna de las partes rompe dicho acuerdo. El mediador va a reunirse periódicamente con las partes para asegurarse que el acuerdo se está cumpliendo tal y como ellos registraron por escrito. En definitiva, y para finalizar este contenido acerca de la mediación, debemos destacar que para que ésta sea exitosa deben ocurrir dos cosas: que las necesidades contrapuestas se vean resueltas en su término más esencial y que la relación entre las personas enfrentadas sea finalmente reforzada (Caireta, 2008). 5. Conclusiones No queremos concluir este tema de contenidos sin hacer especial mención del enriquecimiento del diálogo espontáneo como broche final a este tema sobre resolución de conflictos y educación para la paz. Para ello nos basamos en la aportación de Ortega y del Rey (2016) cuando señalan que los conflictos que se desarrollan entre profesores y estudiantes son conflictos muy difíciles de reconocer ya que no siempre los implicados se encuentran en buenas condiciones para asumir su responsabilidad. No olvidemos que esa responsabilidad es una responsabilidad compartida entre docentes y estudiantes. En muchas ocasiones podemos identificar los conflictos en el aula, pero su definición es compleja ya que las señales de conflictividad están encubiertas, así como también por las malas relaciones, por las dificultades para establecer diálogos, etc. Estamos de acuerdo que la práctica más común y frecuente para resolver conflictos en el aula es la de aportar los mismos mediante procesos de diálogos enriquecidos y espontáneos. Podemos utilizar por ejemplo las sesiones de tutorías para detectar los diferentes niveles de conflictividad basados en la falta de comunicación, dificultades para dialogar, tensiones de carácter emocional, entre otras que se van generando durante la vida en común en el aula. Para finalizar el tema y como modelo de intervención para trabajar la solución resolución de conflictos y situaciones problemáticas en el aula junto con nuestros alumnos y docentes, presentamos a continuación una ficha práctica con actividades y tareas a seguir para analizar situaciones y comprender el papel tan importante que tiene el docente como dinamizador de buenas relaciones en la escuela: Unidad didáctica 7 Y tú, ¿Cómo lo harías? Justificación Objetivos A veces los alumnos/as parecen percibir al Analizar la variedad de estilos de ser profesor/a como una especie de parte contraria profesor/a. que se empeña en obligarles a trabajar. Comprender los sentimientos y emociones que Existe un gran desconocimiento, por parte del un profesor puede sentir. alumnado de los sentimientos y preocupaciones de sus profesores. Estudiar las expectativas que el profesor/a despierta entre sus alumnos/as. Esta actividad está dirigida a intentar que éstos avancen un poco en la capacidad de ponerse Comprender las expectativas mutuas: en el lugar del otro, en este caso, en la de profesor/ alumnos. comprender la posición del profesor/a. Comprender al profesor/a en su papel de dinamizador de la clase. Reflexionar sobre la pérdida de tiempo. Potenciar la capacidad de análisis y crítica. Secuencia de tareas a) Tarea individual: Repartir a cada alumno/a un papel con el rol que deberá. Cada alumno/a tendrá diez minutos para preparar su papel. Para ello, deberán escribir en un papel la lista de comportamientos que van a manifestar durante la explicación que uno de sus compañeros/as desarrollará como profesor/a quien deberá preparar su clase. b) Tarea de gran grupo: El alumno/a – profesor/a comenzará con su explicación y cada alumno/a va a manifestar lo que conste en su lista de comportamientos. Una vez que se haya concluido es el momento de analizar la situación: ¿qué es lo que ha pasado?, ¿por qué cada uno se ha comportado así?, ¿cómo se siente cada uno con su papel?, ¿cómo se podrían evitar estas circunstancias?, ¿yo cómo lo hubiera hecho? c) Tarea de evaluación: La evaluación será positiva si los alumnos/as han participado en la actividad y sobre todo en las reflexiones que siguen a la representación. Para ello, podemos tener presentes los objetivos de esta actividad. Unidad didáctica 7 Bibliografía Aguirre, A. y otros (2005). La mediación escolar. Una estrategia para abordar el conflicto. Caracas: Laboratorio Educativo Armas Castro, M. (2007). Prevención e intervención ante problemas de conducta: Estrategias para centros educativos y familias. Madrid: Wolters Kluver. Burguet, M. (2012). Aprender a vivir juntos para una cultura de la paz. En E. Vinyamata (coord.), Vivir y convivir en paz: Aprender a vivir con uno mismo y con el entorno. Barcelona: Graó. Cabrera, P. J. 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