Ciencia y Teorías en Trabajo Social con Grupos PDF
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El trabajo Social con Grupos se configura como una discipina profesional dentro del trabajo social. Este documento explora las bases de los modelos teóricos y los desafíos del campo. Se destacan las herramientas, técnicas y dinámicas grupales para comprender y afrontar los problemas sociales.
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Here's the conversion of the document into a structured markdown format. # CAPÍTULO II: Ciencia y teorías en Trabajo Social con Grupos ### Objetivos: * Analizar la dimensión científica del Trabajo Social. * Analizar los principales reduccionismos que pueden afectar a la intervención profesional en el ámbito del Trabajo Social con Grupos. * Analizar el realismo crítico. ### Conceptos: * Realismo crítico. * Sesgos. * Discriminación estructural. ## 1. INTRODUCCIÓN El Trabajo Social es una disciplina científica (Brekke y Anastas, 2019), y una profesión, relativamente contemporánea, con poco más de un siglo de existencia. No puede analizarse sin tomar en consideración las consecuencias de la industrialización, por un lado, y por otro, la expansión de la democracia como forma de gobierno. Se trata de un proceso en el que juega un papel fundamental la experiencia norteamericana. Tanto Jane Addams como Marie Richmond, consideradas las fundadoras del Trabajo Social como disciplina y como profesión de ayuda, son norteamericanas. Y es su contexto el que las impulsa a afrontar desde una perspectiva innovadora la lucha contra la pobreza y la degradación de las condiciones de vida en las sociedades de su tiempo. Fueron innovadoras, y afrontaron retos. Junto a ellas, un colectivo cada vez mayor de profesionales hicieron frente a dichos cambios, dando origen a nuestra profesión. ## CAPÍTULO II: CIENCIA Y TEORÍAS EN TRABAJO SOCIAL CON GRUPOS Dentro del Trabajo Social, el Trabajo Social con Grupos se configura como una disciplina específica y una comunidad (tanto en el ámbito académico como en el ámbito de la práctica profesional). El punto de partida de nuestra especialidad es el siguiente: reconocer la dinámica grupal como un elemento clave en la construcción de la identidad personal y social. Dado que siempre vivimos inmersos en grupos y somos animales sociales, la dinámica grupal se constituye en sí misma en un objeto de estudio, y en un ámbito estratégico para lograr el cambio en nuestra trayectoria personal y colectiva. Investigamos las dinámicas grupales para comprender sus características, y diseñamos dinámicas grupales para intervenir profesionalmente y favorecer procesos de cambio personal y grupal. Los trabajadores sociales con grupos se han agrupado en diversas organizaciones, defendiendo la especificidad de su enfoque, y conservan la memoria de aquellos que han ejercido un liderazgo científico y profesional. Por ejemplo, el caso de Katy Papell, a quien se dedicó hace años un número especial en la revista Social *Work with Groups* (Bergart, A. M. (ed.) (2015). *A Life in Social Work with Groups: Unpublished Works of Catherine (Katy) Papell.* Social Work with Groups 38, 34, 181 392). En junio de 2024 se celebró en la Universidad Complutense de Madrid el simposio anual de la Asociación Internacional de Trabajo Social con Grupos (IASWG), bajo el «Rompiendo barreras: trabajo con grupos y justicia social». A partir del legado de Charles Garvin, en este simposio participaron relevantes expertos, que abordaron cómo buscar la justicia social en el Trabajo Social con Grupos. y mediante dicha justicia social, fomentar un sentimiento de pertenencia cuando las personas se sienten aisladas, una sensación de seguridad ante situaciones inciertas; y servir como medio para la acción colectiva ante la impotencia sentida ante las injusticias y desigualdades (www.iaswg.org/2024symposium). En este capítulo, profundizamos en algunos elementos básicos de las dinámicas grupales, y reflexionamos sobre las teorías de autores que ejercen una influencia notable en el Trabajo Social con Grupos. El análisis de nuestra vida cotidiana nos muestra cómo utilizamos nuestros conceptos y teorías de una forma intuitiva y automática. Desvelar dichos «automatismos» es un primer paso necesario para poder abordar un proceso de cambio personal y grupal. Tomar conciencia de nuestra forma de ver el mundo, de nuestras teorías, conlleva necesariamente analizar otros planteamientos teóricos. Para desarrollar nuestra labor profesional como trabajadores sociales, es necesario abandonar esquemas de interpretación reduccionistas, y ampliar nuestra mirada, integrando diversas perspectivas teóricas. En relación con el proyecto de intervención social con grupos para hacer frente a la conflictividad en las familias con adolescentes a cargo, que hemos descrito en la introducción del capítulo primero, es importante que, como trabajadores sociales, seamos capaces de visibilizar nuestros sesgos y nuestras preferencias, y lo mismo deben hacer los participantes en la dinámica grupal. Describir nuestros modelos de convivencia y familia, poner de relieve ## LA CIENCIA DEL TRABAJO SOCIAL Y LA DINÁMICA DE GRUPOS El Trabajo Social se ha institucionalizado como disciplina científica y como profesión en los últimos 130 años. Somos una ciencia joven, pero centenaria, y somos una profesión joven, pero también centenaria. El respeto y la consideración social que recibimos se corresponde con el rigor de nuestros análisis y la competencia técnica en la intervención social. Y esto afecta también a las dinámicas de grupo (que son objeto de estudio y ámbito de especialización en otras disciplinas, como la Psicología Social). Nuestros proyectos de investigación, nuestros contratos con las entidades locales, y nuestra actividad profesional, deben estar sometidos al escrutinio de nuestros conciudadanos. En nuestro contexto actual, la evaluación de los resultados de la investigación científica (y también la de la investigación que se realiza en el ámbito del Trabajo Social con Grupos) es una exigencia que se deriva de la necesidad de rendir cuentas ante las instituciones que nos financian. La evaluación se organiza en torno a la medición de los resultados obtenidos (tanto nuevo conocimiento, cuanto nuevas aplicaciones prácticas y mejora de procesos). En este sentido, como ya señalaba hace dos décadas el informe de la Comisión Europea, «Improving knowledge transfer between research institutions and industry across Europe» (EC 2007), la generación de conocimiento tiene que ir vinculada a la mejora de productos y de servicios. Dentro de estos servicios, podemos incluir la actividad profesional de los trabajadores sociales. En cualquier convocatoria de proyectos de investigación, un apartado clave es el que hace referencia a los resultados y la transferencia de conocimiento a la sociedad. Como las demás disciplinas científicas, el Trabajo Social compite por un espacio académico. Como otras profesiones en el ámbito de ayuda, compite también por un espacio profesional. La capacidad para generar nuevos conocimientos y procedimientos, para mejorar los protocolos y las intervenciones que se llevan a cabo en la actualidad, se convierte en un predictor clave de progreso o retroceso de nuestra disciplina/profesión. Las políticas científicas, que se han convertido en políticas estratégicas en las sociedades del conocimiento del siglo XXI, insisten particularmente en este punto: * Nos encontramos inmersos en una revolución científico-tecnológica que afecta a cada vez más dimensiones de la vida social, a la vez que se sitúa como una barrera en torno a la cual se articulan nuevos procesos de inclusión y exclusión económica y social. En este contexto, las políticas científicas y tecnológicas juegan un papel crucial en las sociedades contemporáneas. Dado que «la revolución tec- ## CAPÍTULO II: CIENCIA Y TEORÍAS EN TRABAJO SOCIAL CON GRUPOS nológica aporta la infraestructura necesaria para el proceso de formación de una economía global y es fomentada por las demandas funcionales generadas por esta economía» (Castells and Hall 1994: 23), las políticas científico tecnológicas (es decir, aquellas que persiguen «el esfuerzo deliberado de influenciar la dirección y la tasa de desarrollo del conocimiento científico por medio de la aplicación de recursos financieros, dispositivos administrativos, y educación y formación, en tanto que todos ellos sean afectados por la autoridad política» (Shils 1968: IX), se han convertido en un factor estratégico en las sociedades del siglo XXI. Precisamente porque son estratégicas, y disponen de recursos limitados, las políticas científicas diseñan líneas prioritarias de investigación, y demandan resultados que puedan ser transferibles a los ámbitos de la vida social correspondientes. En este sentido, nos encontramos inmersos, también en el Trabajo Social, en un nuevo pacto o acuerdo más o menos explícito (López Peláez and Kyriakou 2009) entre los actores políticos, el mundo académico e investigador, y la sociedad (tanto en el ámbito empresarial como en el ámbito del Tercer Sector o las instituciones públicas que prestan servicios a los ciudadanos). En este nuevo consenso, prima la evaluación de los resultados y la capacidad para transferir los mismos y producir con ello una mejora de la sociedad que financia la investigación científica. Nuestra disciplina no puede permanecer ajena a estos requisitos de evaluación, si quiere desarrollarse en términos de igualdad con otras disciplinas de las ciencias sociales y jurídicas. Y, sobre todo, si pretendemos crear un círculo virtuoso de transferencia de conocimientos y resultados entre la universidad y el ámbito profesional. La demanda de evaluación va unida a la preocupación por la prevención de posibles riesgos en el desarrollo científico tecnológico, y por la anticipación para introducir mejoras en todos los órdenes de la realidad. La preocupación por el futuro, originariamente centrada en el ámbito de tecnologías críticas (como las militares), se ha expandido al ámbito de las ciencias sociales, y también al ámbito de nuestra disciplina, el Trabajo Social con Grupos. Necesitamos estudios prospectivos de tendencias que nos permitan diseñar mecanismos y buenas prácticas que se pueden implantar para prevenir o anticiparse a diversos tipos de problemas. Por ejemplo, más y mejores investigaciones sobre el sistema de atención a la dependencia que tengan en cuenta las proyecciones demográficas y la posible evolución de los flujos inmigratorios, diseñando sistemas de prestaciones con una evaluación y adaptación al entorno, y con cierta capacidad de anticiparnos a los riesgos emergentes, incluyendo los avances tecnológicos. En la investigación en Trabajo Social con Grupos, no podemos solamente adoptar una visión retrospectiva, necesitamos diseñar aplicaciones que, tomando en consideración diversas tendencias de evolución, nos permitan diseñar mejores sistemas de atención social. Por ejemplo, en el ámbito del metaverso y la inteligencia artificial (Lian et al. 2023). En el área del Trabajo Social y los Servicios Sociales, como se pone de manifiesto en *The Global Agenda for Social Work and Social Development*, el futuro de la disciplina y de la profesión se vincula claramente con la capacidad para convertirnos en expertos que contribuyen, en todos los entornos institucionales, con su experiencia práctica y sus resultados de investigación. Desde Naciones Unidas al Banco Mundial, pasando por todos los niveles de gobierno local, regional, nacional o multilateral, se trata de aportar nuestra contribución específica para evaluar, intervenir y planificar en el ámbito de la inclusión social (Jones and Truell 2012: 465). ## 2.1. Ciencia encarnada El Trabajo Social como disciplina científica, y el Trabajo Social con Grupos como subdisciplina científica dentro del Trabajo Social, o como especialización, es una ciencia encarnada en los problemas y oportunidades de su tiempo histórico. En este sentido, la Agenda Global, acordada por las tres grandes organizaciones de trabajo social (la IFSW, la IASSW y la ICSW), ha puesto sobre la mesa un conjunto de prioridades y una forma de afrontarlas basada en la participación, la cooperación y el trabajo en equipo. Y en su proceso de desarrollo, se ha evolucionado hacia un enfoque temático anual, bajo el que se organizan actividades, el día mundial del Trabajo Social, y también proyectos de investigación financiados en convocatorias competitivas. Como se puede consultar en la página web de estas tres organizaciones², la Agenda Global para el Trabajo Social y el Marco de Desarrollo Social para 2020-2030 se organiza en torno al tema «Co-construir la Transformación Social Inclusiva». En el marco de la Agenda Global 2010-2020, los temas se establecieron sobre una base bianual, estableciendo un patrón que continuó durante una década. Este enfoque, aunque metódico, tras estos primeros diez años se ha considerado demasiado estático, especialmente dada la naturaleza dinámica y en rápida evolución de los retos mundiales. Nuestro mundo se enfrenta actualmente a una serie de crisis complejas, como conflictos violentos, grave degradación del medio ambiente, pobreza persistente y grandes disparidades políticas. Para hacer frente a estos problemas acuciantes y alinearse con los retos y aspiraciones contemporáneos del Trabajo Social en todo el mundo, para el período 2020-2023 se ha optado por adoptar un enfoque temático anual que permita dar respuestas más oportunas y pertinentes. Los temas de la Agenda Global 2020-2030 son los siguientes: * Tema 1 (2021): Ubuntu: Fortalecer la solidaridad social y la conexión mundial * Tema 2 (2022): Co-construir un nuevo mundo eco-social: Sin dejar a nadie atrás 1 https://www.ifsw.org/social-work-action/the-global-agenda/ 2. https://www.ifsw.org/social-work-action/the-global-agenda/ ## CAPÍTULO II: CIENCIA Y TEORÍAS EN TRABAJO SOCIAL CON GRUPOS * Tema 3 (2023): Respetar la diversidad mediante la acción social conjunta * Tema 4 (2024): Buen Vivir: Futuro compartido para un cambio transformador Desde esta perspectiva, el presente y el futuro del Trabajo Social con Grupos se vincula con la capacidad de afrontar los principales desafíos que nos afectan en cada contexto histórico. Los principales retos para la intervención social con grupos, en los países con un estado del bienestar consolidado como España, pueden organizarse en cuatro grandes ámbitos: la puesta en valor de la dinámica grupal, las estrategias para afrontar mediante las dinámicas grupales los procesos de desafiliación y exclusión, la redefinición de la actividad profesional de los trabajadores sociales, y el reto de las nuevas tecnologías como aceleradores de la experiencia grupal. * En primer lugar, la recuperación de la legitimidad del grupo como ámbito para la intervención profesional. Tanto culturalmente, como en función del desarrollo institucional del Estado del Bienestar, en el ámbito español el Trabajo Social con Grupos ha ido perdiendo relevancia, sustituido por una creciente burocratización de la profesión del Trabajo Social, por un lado, y por el creciente individualismo, por otro. Si analizamos la labor profesional diaria de los trabajadores sociales en cualquier institución pública, la intervención basada en las dinámicas grupales ocupa un reducido lugar. Es necesario recuperar un concepto de comunidad basado en la participación, en la ciudadanía, en el respeto al disenso democrático, y por supuesto la legitimidad de las decisiones tomadas democráticamente. Y para poder participar en dicha comunidad, necesitamos mejorar nuestra capacidad de interacción con los demás, necesitamos diseñar más y mejores dinámicas grupales. Hay que poner en marcha intervenciones basadas en las dinámicas grupales. Los grupos se definen por el objetivo u objetivos que quiere alcanzar en cada caso concreto, pero que también se definen por el proceso de enriquecimiento que permiten en cada ciudadano al compartir y debatir, al participar, y al convertirse en sujeto de su propia realidad histórica. Dinámicas grupales que tienen que ser, necesariamente, cosmopolitas, porque nos encontramos inmersos en sociedades super diversas, en las que el conflicto entre identidades debe dar paso a la capacidad de construir juntos nuestro futuro. Recuperar nuestra identidad, que se decide en la preocupación por los otros, como ciudadanos, en los que producimos nuestra ciudadanía al tratarlos como tales ciudadanos. Este es un proceso que tiene que ver, a su vez, con una doble cuestión. Por un lado, es necesario superar las definiciones del grupo en clave defensiva, como lugar de refugio para los iguales que comparten una identidad estable. En nuestros barrios y ciudades, y en las redes sociales, los ciudadanos tenemos intereses muy diferentes, y nuestra procedencia étnica, geográfica y cultural puede ser muy diversa. Frente a los modelos de grupos y comunidades como lugares de recogimiento, enclaustramiento y aislamiento, los trabajadores sociales tienen que ser capaces de articular y dejar articularse dinámicas grupales y movimientos comunitarios reales, en los que puedan coincidir ciudadanos con diferentes perspectivas que se organizan en función de objetivos compartidos. Por otro lado, hay que tomar en consideración que en sociedades super diversas, las personas pueden organizarse en función de identidades étnicas, religiosas o de otro tipo, que se caractericen por defender solo los intereses de los que pertenecen a ellas, y con ello, negar, si llegan a predominar, los intereses de aquellos que no comparten dichas características. Es decir, los trabajadores sociales deben tomar en consideración lo que podemos denominar la tendencia a la fuga y el aislamiento (como podemos ver ejemplarmente en urbanizaciones privadas físicas, o en las cámaras eco o burbujas virtuales en Internet, donde se refugian y se vinculan personas con una identidad compartida), y también la tendencia contraria, hacia el dominio del espacio público y los recursos por parte de grupos y comunidades organizadas que se afirman de forma excluyente. Tanto en su versión de «reducto», como en su versión «expansiva», ambas tendencias constituyen riesgos que el trabajador social debe tomar en consideración en su intervención social con grupos. Íntimamente vinculado con el apartado anterior, el segundo reto que afronta el Trabajo Social con Grupos va más allá de afirmar la legitimidad de la dinámica grupal como ámbito de intervención y como sujeto de acción colectiva. Hay algo más: la realidad cotidiana del proceso de desafiliación que experimentan nuestros conciudadanos, la ruptura o pérdida del vínculo social (que nos deja aún más indefensos ante los retos de la vida). Los procesos de exclusión social, como hemos mostrado con detalle al analizar la trayectoria vital de los denominados trabajadores con bajo salario o trabajadores pobres en la década de los años 90 en España (López Peláez 2005), conllevan pérdidas, rupturas, situaciones de aislamiento, y un aumento de la vulnerabilidad social (más grave en aquellos que han perdido sus vínculos sociales y se instalan en la precariedad permanente). A la vez, la transformación de la familia o las familias (Daly et al. 2023), última barrera que nos protege de la exclusión social, nos sitúa en un contexto diferente. Y la propia heterogeneidad de la población, en sociedades cada vez más diversas, nos obliga a una evaluación más detallada de los procesos de desafiliación, de los vínculos sociales que se debilitan. Con un objetivo claro: recrear vínculos sociales como nuevo objetivo, para hacer posible la propia evolución personal de cada uno de nosotros. En este sentido, la soledad no deseada ha emergido como un problema real para una parte relevante de la población (Arroyo Alba, 2023). Es necesario establecer programas, metodologías de investigación y técnicas de intervención que permitan recuperar nuestra capacidad de vincularnos, de reencontrarnos, de fiarnos y de confiarnos en la mirada y la acción de cada uno ## CAPÍTULO II: CIENCIA Y TEORÍAS EN TRABAJO SOCIAL CON GRUPOS de nosotros mismos, de nuestros familiares, de aquellos que se integran en los grupos a los que pertenecemos, y finalmente, de las comunidades en las que nos integramos y que nos permiten realizarnos. Se trata de fortalecer la confianza en uno mismo y en los demás, desarrollando nuestras capacidades personales, grupales y comunitarias. Y para ello, es necesario vincular las personas con sus redes de pertenencia. Desde una perspectiva basada en los derechos de la ciudadanía, la participación en proyectos grupales pone de relieve hasta qué punto los derechos sociales y las obligaciones sociales van unidas: en la preocupación por los derechos propios y de los demás, debatiendo y analizando la educación, se objetiva rápidamente la necesidad de contribuir a la financiación del sistema educativo de nuestra ciudad, comunidad o país. Tenemos derechos, sí, pero también tenemos obligaciones. Nuestros derechos, si no nos organizamos estructuralmente para garantizarlos, transformándolos en capacidades, en los términos formulados por Sen (Sen 2010), dejan de serlo. Igualmente, nuestras obligaciones, para hacer posible el ejercicio de dichos derechos, si no se cumplen y se organizan adecuadamente, hacen imposible su ejercicio práctico. La emancipación de cada persona no puede lograrse sin vínculos, sin vinculación con grupos y sin una comunidad a su vez emancipada. Quizás la excesiva lejanía entre el individuo aislado y el Estado al que se considera un extraño, ha llevado a justificar la evasión de impuestos, y también la reducción de prestaciones, como si fueran una simple decisión graciable de un ente lejano, que pierde legitimidad progresivamente, como la pierden también quienes lo dirigen, la clase política. Recuperar el vínculo entre ciudadanos, Estado, y clase política, exige una revitalización de la experiencia de lo grupal y comunitario, una mayor proximidad a las preocupaciones de los demás, y una participación más activa en la toma de decisiones. La democracia se sustenta en la preocupación por el otro, por los conciudadanos, y, para preocuparse, hay que ocuparse de aquello que nos preocupa. La exaltación del individualismo, la complejidad de la burocracia, y la profesionalización de la política como actividad, han favorecido una cierta indiferencia hacia lo público, que no se ha materializado en un abandono de las preocupaciones, sino en una deslegitimación de la actividad política, de la actividad colectiva, y por lo tanto, de la propia democracia representativa. Necesitamos revitalizar nuestros vínculos, la preocupación por los otros y la dignidad de la vida pública. Y para eso, es necesario el Trabajo Social con Grupos. El tercer gran reto que hay que afrontar en los próximos años podemos formularlo de la siguiente manera: la reinvención del Trabajo Social después de la pandemia de la COVID-19 (López et al., 2025). El Trabajo Social como profesión, y el Trabajo Social como disciplina científica que da soporte y permite el desarrollo de la profesión, (introduciendo estándares científicos de investigación, diseño, intervención y evaluación final de los resultados obtenidos), tiene que hacer frente a un triple proceso. Por una parte, la redefinición de las políticas sociales y sus profesionales en un entorno diferente al de las dos primeras décadas del siglo XXI. Se demandan nuevos derechos y, consiguientemente, nuevas prestaciones. A la vez, se produce una burocratización de la profesión, identificada con la gestión de dichas prestaciones. Y, en tercer lugar, el confinamiento derivado de la pandemia de la COVID-19, y la digitalización acelerada de los servicios sociales, está cambiando los modelos de interacción entre usuarios y profesionales, a la vez que demanda un cambio de enfoque: más que esperar al usuario, en la pandemia tuvimos que salir a buscarlo, y esta orientación proactiva en la intervención profesional tiene que potenciarse en el entorno digital. En el caso español, el limitado número de trabajadores sociales lleva a que la mera gestión de las prestaciones se convierta en su actividad profesional ordinaria, agotando en ella su tiempo de trabajo. Por otra parte, los recursos disponibles disminuyen, y en un contexto en el que parecía que el aumento de recursos era la norma, nos encontramos con una mayor precariedad en la financiación. Y, consecuentemente, con una mayor precariedad en la carrera profesional de los trabajadores sociales, que desempeñan su actividad en instituciones públicas o privadas obligadas a reestructurarse. El aumento de los problemas, derivados también de la mayor proporción de personas solas en una sociedad que mitifica el individualismo, el aumento de la exclusión social, y la precarización de las condiciones de vida de sectores cada vez más amplios de la población, también introducen nuevas demandas a las que hacer frente. Y, en último lugar, podemos señalar la transformación de los modelos de gestión, que, con menos recursos, deben hacer frente a mayores problemas, y en los que se introducen criterios de eficiencia importados del sector privado. Tienen que readaptarse en función de los objetivos de las políticas sociales, de la condición de ciudadanos de aquellos que acuden a los servicios sociales, de la digitalización acelerada de nuestras organizaciones y también de la evolución y requerimientos de los profesionales del Trabajo Social. Una de las formas de adaptarnos a la crisis (y también a la presión de los partidos políticos que defienden una menor intervención del Estado), que se ha consolidado en los últimos años, es la siguiente: la transferencia al sector privado, o al sector asociativo, de un número mayor de recursos, prestaciones y servicios. En este contexto, la pandemia de la COVID-19 ha puesto de relieve las limitaciones de nuestro sistema de bienestar. Y la respuesta fue, en la pandemia, que el gobierno de España reconociera al Trabajo Social como profesión esencial, y en segundo lugar, un proceso de reinversión en el ámbito de los servicios sociales. Todo ello ha reforzado la legitimidad social de las trabajadoras sociales. ## CAPÍTULO II: CIENCIA Y TEORÍAS EN TRABAJO SOCIAL CON GRUPOS El cuarto gran reto para la renovación del Trabajo Social con grupos tiene que ver con la utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, la Inteligencia Artificial y el metaverso. Cierta burocratización, individualización y aislamiento en nuestras sociedades urbanas, complejas, coinciden con un modelo prestacionista en el que la carga de trabajo burocrática favorece que la actividad profesional de la trabajadora social se oriente hacia la mera gestión de prestaciones. La intervención social con grupos perdía vigor, a la vez que los cauces de participación democrática se reducían a las reclamaciones a los partidos políticos, la participación en las elecciones, y el papel que juegan los sindicatos. Volcados en el consumo, en una sociedad de masas con cierto nivel de bienestar y una visión individualista y competitiva de las relaciones con los demás, la participación, clave de la democracia y también clave de la vida social, se difuminaba, a la vez que la política se profesionalizaba y se alejaba de la vida cotidiana de la población. La consecuencia clara ha sido, desde nuestro punto de vista, la desafiliación a partidos políticos y sindicatos, y la menor participación en actividades colectivas. Sin embargo, las nuevas tecnologías han roto ese escenario: las redes sociales nos permiten, (como pusieron de manifiesto movimientos como el 15M en España, o Occupy Wall Street en USA, o el Metoo a nivel global) (Castillo de Mesa et al. 2021), salir del anonimato y vincularnos con los afines. Permiten acelerar la difusión de noticias, permiten nuevas formas de votación y participación a través de los medios de comunicación electrónicos. Permiten realizar convocatorias y movilizar a personas que, de otro modo, no accederían con tanta facilidad a la información. Y, sobre todo, permiten que los que participan en dichas redes sociales se sientan protagonistas de su historia, la compartan (desde fotos hasta ideas o manifiestos), encuentren un altavoz para sus demandas, y puedan recuperar sus vínculos sociales perdidos en el anonimato de la vida urbana. La respuesta de los trabajadores sociales no puede ser otra que diseñar lo que denominamos el Trabajo Social Digital (López Peláez y Kirwan 2023). Por ejemplo, en el ámbito del Trabajo Social con grupos se diseñaban hace más de 40 años dinámicas de grupos basadas en el teléfono, y ahora, con las nuevas tecnologías de comunicación, todo es más fácil: puedes verte en Internet, puedes encontrar aquellos que coinciden o discrepan de tu forma de pensar, puedes quedar en un lugar físico o virtual, puedes agruparte y puedes buscar información, ChatGPT te puede ayudar a redactar una carta de presentación, y todo ello en tiempo real. Internet se está colonizando con las reglas de juego de nuestras sociedades avanzadas, y desde la pornografía hasta los casinos virtuales, se reproducen nuestras formas de vida. Hay que ocupar ese espacio virtual y redefinir nuestras metodologías para diseñar el Trabajo Social con Grupos en Internet y a través de Internet. En Internet se redefinen nuevos y viejos procesos de exclusión, y a la vez, a través de Internet podemos reforzar nuestros vínculos grupales. ## 2.2 Complejidad e intervención social: más allá de los reduccionismos Cualquier trabajadora social, en el ejercicio de su actividad profesional, debe tener una preocupación constante al aplicar un determinado modelo teórico, o una técnica specifica: no realizar análisis reduccionistas, no manipular los datos o los discursos de las personas, no dejarse llevar por una opción ideológica. El Trabajo Social es una disciplina científica, y la práctica profesional del Trabajo Social también lo es. Podemos definir el «reduccionismo» como aquella postura teórica que explica el comportamiento humano en función de un elemento determinado, sin tomar en consideración el resto de las características de nuestra especie. Los reduccionismos limitan nuestras estrategias de intervención, y nuestras posibilidades de análisis. Y potencian los sesgos y la utilización de estereotipos. Se pueden diferenciar, entre otros, dos grandes bloques de teorías reduccionistas: los reduccionismos biológicos y genéticos, y los reduccionismos culturales e ideológicos. ### 2.2.1. ¿Nuestra genética lo decide todo? Cualquier de nosotros puede preguntarse por el origen de sus aficiones, de sus gustos, de sus habilidades. Numerosos científicos subrayan que la raíz de nuestros comportamientos se encuentra en nuestros genes, y que, por lo tanto, el estudio de estos revelará las bases ocultas de nuestro comportamiento y de nuestras capacidades específicas. Desde finales del siglo XIX, en algunos círculos científicos se pensaba que los comportamientos humanos estaban determinados por la estructura del cuerpo. Se describían las tipologías físicas de los delincuentes, para poder detenerles y prevenir sus delitos. Cesare Lombroso fue uno de los principales defensores de este planteamiento. La confluencia de estas ideas con la pretendida validez del concepto de «raza», y las propuestas de eliminación de los seres humanos «defectuosos» llevó en las primeras décadas del siglo XX a la extensión de las denominadas prácticas eugénicas en numerosos países, como Suecia, Estados Unidos o Alemania. El caso de la ciudadana estadounidense Carrie Back, que fue esterilizada por una supuesta deficiencia mental, constituye un ejemplo de los peligros que conlleva subordinar los principios éticos que sustentan los derechos humanos, a una pretendida mejora genética derivada de la aceptación acrítica del principio evolucionista que establece la supervivencia del más fuerte. La postura teórica que defiende la reducción de la identidad humana a su código genético recibe el nombre de reduccionismo genético. Los peligros que se derivan ## CAPÍTULO II: CIENCIA Y TEORÍAS EN TRABAJO SOCIAL CON GRUPOS de las propuestas de algunos científicos para construir una sociedad «sana», en la que los posibles problemas se resuelven por la ingeniería genética, ha dado lugar a una notable serie de novelas y de películas de ciencia ficción. Y ha producido enconados debates, cuando, por ejemplo, se ha intentado explicar la violencia por el gen de la agresividad, o se intenta explicar la orientación sexual de una persona en función de un determinado gen. En las últimas décadas, se ha popularizado el «transhumanismo», formulado por primera vez por Fereidoun M. Esfandiary en la década de 1960. Se caracteriza por proponer la mejora de los seres humanos en función de la innovación tecnológica, redefiniendo la condición humana, y abriendo paso a una sociedad post-humana que supere sus limitaciones biológicas, incluido el envejecimiento. Para ello, por ejemplo, apoyan la intervención prenatal a embriones para seleccionar seres humanos sin defectos ni patologías. El Manifiesto Transhumanista, adoptado por la Asociación Mundial Transhumanista en 1999, sintetiza su posición teórica en los siguientes principios³: * En el futuro, la humanidad cambiará de forma radical por causa de la tecnología. Prevemos la viabilidad de rediseñar la condición humana, incluyendo parámetros tales como lo inevitable del envejecimiento, las limitaciones de los intelectos humanos y artificiales, la psicología indeseable, el sufrimiento, y nuestro confinamiento al planeta Tierra. * La investigación sistemática debe enfocarse en entender esos desarrollos venideros y sus consecuencias a largo plazo. * Los transhumanistas creemos que siendo generalmente receptivos y aceptando las nuevas tecnologías, tendremos una mayor probabilidad de utilizarlas para nuestro provecho que si intentamos condenarlas o prohibirlas. * Los transhumanistas defienden el derecho moral de aquellos que deseen utilizar la tecnología para ampliar sus capacidades mentales y físicas y para mejorar su control sobre sus propias vidas. Buscamos crecimiento personal más allá de nuestras actuales limitaciones biológicas. * De cara al futuro, es obligatorio tener en cuenta la posibilidad de un progreso tecnológico dramático. Sería trágico si no se materializaran los potenciales beneficios a causa de una tecnofobia injustificada y prohibiciones innecesarias. Por otra parte, también sería trágico que se extinguiera la vida inteligente a causa de algún desastre o guerra ocasionados por las tecnologías avanzadas. * Necesitamos crear foros donde la gente pueda debatir racionalmente qué debe hacerse, y un orden social en el que las decisiones serias puedan llevarse acabo. 3 https://transhumanismo.org/declaracion/ El transhumanismo defiende el bienestar de toda conciencia (sea en intelectos artificiales, humanos, animales no humanos, o posibles especies extraterrestres) y abarca muchos principios del humanismo laico moderno. El transhumanismo no apoya a ningún grupo o plataforma política determinada. Frente a un posicionamiento basado en la mejora genética y tecnológica, hay que recordar que el espacio de la libertad de los seres humanos se levanta, como no puede ser de otra manera, sobre su dimensión física, corporal, y por lo tanto sobre su base zenética. Pero la dotación genética, sea o no mejorada por la tecnología, no lo explica todo. Frente a quienes reducen la vida humana a los genes, hay que señalar que las personas, aunque nacemos con una información genética específica, no nacemos predeterminados. Más aún, la especie humana se caracteriza por la capacidad de aprendizaje y modificación del entorno, incluida la intervención sobre los propios genes mediante las modernas técnicas de ingeniería genética). Sin olvidar, como se ha señalado desde posiciones opuestas a los planteamientos transhumanistas, que reducir nuestra condición de seres vivos a una permanente mejora de nuestro rendimiento, en una fusión con la Inteligencia Artificial y las máquinas, invisibiliza las desigualdades sociales de acceso y uso de la tecnología, y también las diferentes aspiraciones y deseos de los seres humanos. ### 2.2.2. ¿Nuestro contexto cultural determina nuestro comportamiento? Las personas somos seres históricos. Estamos aquí y ahora, en una circunstancia determinada y con unas posibilidades y limitaciones que dependen del contexto en el que nos ha tocado vivir. En las sociedades contemporáneas, por ejemplo, las diferencias en el nivel de bienestar pueden objetivarse analizando la esperanza de vida (ya que lo más básico que tenemos es nuestra propia vida). En unos países del mundo, la esperanza media de vida es la mitad que en otros países. Y dentro de los países desarrollados, como EEUU, hay zonas degradadas donde la esperanza media de vida de muchas personas no supera los 40 años. En realidad, según el lugar en el que haya nacido cada ser humano, y su entorno socioeconómico, algunas personas pueden vivir el doble de tiempo que otras, es como si tuvieran dos vidas. En España, país receptor de inmigración en los últimos años, muchas personas lo experimentan. Pensemos en las mujeres que abandonan un país en desarrollo, mujeres pobres, que con cuarenta años son ya abuelas, y no encuentran empleo en su país de origen. Al llegar en avión a España, se encuentran con que muchas mujeres españolas de 40 años están decidiéndose a tener su primer hijo, y tanto física como laboralmente se encuentran en la plenitud de la vida. Hay posiciones teóricas que defienden un reduccionismo cultural: las personas estaríamos determinados por nuestra cultura, de tal forma que no es posible un diálogo ## CAPÍTULO II: CIENCIA Y TEORÍAS EN TRABAJO SOCIAL CON GRUPOS entre culturas diversas, ya que cada uno percibe y analiza desde su patrón cultural. La comparación y el diálogo entre culturas es, por lo tanto, imposible, y desde este punto de vista, el objetivo fundamental de cada grupo social es mantener libre de contaminación, mantener pura, su propia cultura, negando la posibilidad de un diálogo intercultural. No todos los relativismos de este tipo, que niegan un fundamento común para establecer un diálogo entre las personas y las culturas, son etnocentristas. Pero uno de los peligros del relativismo fuerte es que puede desembocar en la afirmación de la propia cultura como superior a las demás. La consecuencia de esta forma de pensar es clara: las demás culturas deben quedar negadas o sometidas a su mínima expresión. El ideal de la superioridad de la raza se traslada, en consecuencia, a la cultura propia, que se considera criterio absoluto de verdad y pauta única de comportamiento. La postura teórica que considera la propia cultura superior a las demás e interpreta a las culturas ajenas desde la suya propia, se denomina etnocentrismo. Cuando analizamos el comportamiento social de los seres humanos, no podemos reducirnos solo a constatar los condicionamientos biológicos o culturales en un sentido genérico. Las personas vivimos en sociedades complejas, y en numerosas ocasiones nuestras ideas son producto de nuestro entorno, las hemos interiorizado, y constituyen una elaboración teórica que persigue la justificación de un modo de vida y de un conjunto de intereses. Denominamos ideología a este tipo de construcción teórica, que podemos defender consciente o inconscientemente. En este segundo caso, la percibimos como algo natural, como el orden evidente de las cosas. Estamos tan apegados a ella, la hemos interiorizado de tal manera, que nos resulta imposible objetivarla y descubrir su función de mecanismo dominador. En este sentido, la ideología no afecta solamente a los que ejercen el poder, como señalaba Mannheim: también incide en los que se oponen al orden establecido y pretenden subvertirlo. A menudo, solo ven aquellos elementos de la situación que coinc