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Retocar con chat Título: "El chico del corazón dividido" Había una vez, en un reino no tan lejano, dos amigas llamadas Clara y Sofía. Clara vivía en la ciudad de los flamencos rosas (mejor conocida como Flamingolandia), mientras que Sofía residía en la urbe de los narices pintadas (también conocida...

Retocar con chat Título: "El chico del corazón dividido" Había una vez, en un reino no tan lejano, dos amigas llamadas Clara y Sofía. Clara vivía en la ciudad de los flamencos rosas (mejor conocida como Flamingolandia), mientras que Sofía residía en la urbe de los narices pintadas (también conocida como Naricelandia). Ambas eran inseparables, a pesar de la distancia, y compartían un amor inquebrantable por las comedias románticas y las palomitas de maíz. Un día, mientras chateaban por videollamada (porque las cartas son para abuelitas), ambas se dieron cuenta de que había un chico que les gustaba: Leo, el galán de las dos ciudades. Leo, con sus profundos ojos color almendra y su sonrisa capaz de derretir un helado en pleno invierno, se había ganado el corazón de Clara y Sofía sin siquiera intentarlo. ¿Cómo era posible que la misma persona conquistara a dos amigas tan distintas? La comedia comenzó cuando descubrieron que, misteriosamente, ¡Leo también parecía estar interesado en ambas! Resulta que Leo, el galán más codiciado de toda la región, había hecho un malabarismo emocional digno de un circo: pasaba un día en Flamingolandia y al siguiente en Naricelandia, como un verdadero acróbata del amor. Mientras Clara pensaba que estaba teniendo una cita romántica con él rodeada de flamencos, Sofía se encontraba en un picnic lleno de narices pintadas, también disfrutando de la compañía de Leo. El enredo llegó a su clímax cuando, un fatídico domingo, ambas amigas decidieron reunirse, sin saber que sus corazones estaban a punto de estallar. Al encontrarse en un café virtual, Clara mencionó casualmente, "¿Y qué tal tu cita con Leo?". Un silencio sepulcral llenó la pantalla. Sofía, paralizada, respondió: "¿Cita? ¡Yo tengo una relación con él!" Y así empezó el intercambio de miradas y risitas nerviosas que terminaron en carcajadas incontrolables al darse cuenta de la complicada situación. Decidieron que, en lugar de pelearse por el chico, lo mejor era confrontarlo. Así, se presentaron en la próxima cita de Leo. Al verlo, Clara y Sofía, armadas con sus mejores vestidos de flamenco y naricera, le hicieron frente. Leo, al ver a sus dos encantadoras citas al mismo tiempo, intentó hacer una de sus sonrisas cautivadoras, pero solo consiguió un par de miradas fulminantes. Fue entonces cuando Clara dijo: “Escucha, Leo, eres un chico genial, pero no queremos ser parte de tu malabarismo amoroso. ¡Así no se juega!” Sofía agregó: “¡Sí! ¡Eres como un niño con dos helados y solo deberías tener uno!” Finalmente, acabaron riendo juntas, dejando a Leo boquiabierto. Leo, con su característico estilo “descuido encantador”, se dio cuenta de que estaba perdido. Al final, el chico del corazón dividido se quedó sin amigas y sin helado. Clara y Sofía, por su parte, decidieron seguir adelante y, más que nunca, fortalecer su amistad, prometiendo que en el amor, ¡sería a una sola por vez! Así concluyó nuestra historia, con el amor en el aire y una valiosa lección: a veces, el mejor romance es el que no involucra a un galán. Y, sobre todo, que las mejores aventuras se viven con amigas al lado, aunque impliquen un chico más complicado que cualquier telenovela. ¡Fin!